Mi cerebro se desconecta del cuerpo; no siento los pies, me duelen las manos.
Observo sentada una puesta de sol, mientras otros autómatas se sientan para admirarla también. Se acaba el día, se va la luz.
Y se celebra la noche, se celebra a la luna blanquecina. Los pecadores que se ocultan, el dinero que se pierde, el alcohol que se derrama forman un panorama difícil de ignorar.
Es tarde y camino en esa ciudad de piedra impredecible, no siento los pies, me duelen las manos.
Me vuelvo a casa por ahora.
Los Duendes Coloraos, Carnaval de Cádiz 2012
Hace 1 día
