"Siéntate y bébete un café más cargado de lo habitual conmigo. Escuchemos a los pies golpear el suelo y crear un ritmo a causa del nerviosismo; aparta la mirada y dime cómo van tus días, que yo te escucharé." - Decía la contraportada de un libro que me llamó la atención; el nombre del autor y parte del título se habían borrado con los años, supongo, ya que el libro estaba en tal estado que las hojas se habían puesto de un color amarillento, y cuando lo ojeaba se quedaba abierto dejando a relucir sus palabras un poco difuminadas pero aún visibles.
Creo que cuando compré el libro el vendedor regordete, con su bigote y su barba canosa, me miró de manera extraña desde la altura de su carrito ambulante. Tal vez pensó que de todos los libros tan cuidados que tenía, yo había decidido llevarme el peor. O puede haber sido que su mirada era de melancolía al verse desprendido de un libro que lo iba acompañando hace mucho tiempo.
Nosé si fue algo del momento: la lluvia repiqueteando contra las calles parisienses, el verdulero al que, como en cámara lenta, se le reventaban las verduras al chocar contra el suelo de piedra, y que era un auténtico espectáculo de color en medio de todo el panorama gris presente; cuando sentí que alguien me llamaba. Dirigí mis ojos en todas direcciones hasta que mi mirada se posó en el libro que apretaba ligeramente contra mi pecho; estaba un poco mojado, aún estando bajo el paragüas, empeorándolo, ya que se abrió nuevamente, cediendo por una página un poco roída que servía de presentación, en la cual había una inscripción a mano en la que no había reparado con anterioridad. Era una especie de nota, no muy nítida, claro está, que decía algo así:
"Sé que te sorprenderás al oír noticias mías, después de todo el tiempo que ha pasado últimamente. Te escribiré poco pero preciso, ya que aquí son muy estrictos, como habrás escuchado; pero no tienes nada de qué preocuparte, estoy muy bien, te lo prometo.
Antes de que pasara todo esto, tú sabes que publiqué este libro hace dos años... y me temo que será el último que lleve mi nombre como autora. Sólo te digo esto para que sepas que va expresamente dedicado a ti, como un regalo, o más bien una disculpa en papel, porque no creo que me vuelvas a ver.
Encontraré a alguien que te envíe esto, tengo algunos cables aquí que me ayudan en ciertas ocasiones (a veces incluso me traen comida), yo los convenceré para que, de cualquier manera, esto llegue a tus manos. Y llegará.
Te quiere muchísimo,
El, tu madre."
Me quedé de piedra al leer la anotación, lo único que me sacó de mi trance fue el sonido de los truenos sonando a la distancia; y para mi sorpresa ya no había alma que caminara por las calles encharcadas, ni vehículo que hiciera ruido con el claxon. Volví la cabeza, pero el vendedor de libros ya no estaba y lo único que quedaba de él era su carrito ambulante, pero no había ningún libro en él.