Anoche, cuando retrocedí dos pasos a la izquierda y lancé cuatro estornudos diciendo "amor, salud y dinero" (se podrá admirar que uno quedó al aire, sin ningún tipo de mención), me percaté de la presencia de un intruso, del mismo tamaño que yo, nosé como no me habría dado cuenta antes. No era un reflejo, pero sí bastante parecido, carecía de cara alguna, pero transmitía mucho más de lo que una mirada podría; creo que es el llamado lenguaje corporal. Pero fue como haber visto y no visto: escapó por la ventana media abierta (nosé como cupo por ahí) con una agilidad felina que daba a entender que no quería estar en mi presencia, y lo único que atiné a hacer fue a abrir la boca y a cuestionarme que había sido ese encuentro tan peculiar por tres horas seguidas, hasta que me dormí.
Tal vez fue un tropiezo con la parte huidiza de mí, la que prefiere escapar antes de dar explicaciones o de siquiera presentarse, o simplemente era un alma indeseable buscando la vía a un mundo celestial lleno de comodidades.
Y así fue de rápido, una presencia tan simple y llena de misterios que me dió mucho que pensar.
Los Duendes Coloraos, Carnaval de Cádiz 2012
Hace 1 día
