no te excuses, no es necesario dar explicaciones.
-----------------------------------------------------

punto de origen.

Hoy iba escuchando una de las tantas versiones de "La chica de Ipanema", pero cantada dulcemente por una voz suave y femenina, que le daba a la noche un encanto particular; quitándole protagonismo a los grillos cantores.
Me hizo reflexionar de lo parecidos y distintos que somos, todo tan al mismo tiempo. Como, mutuamente, nos traspasamos conocimientos, cultura, creencias; y que, aparte de las fronteras imaginarias, somos una mezcla de tal y cual; y que sólo tenemos nuestra lengua, religión o una que otra tradición para sentirnos identificados, para tener un lugar al que volver y sentirse recibido.
Por eso, y por muchas otras cosas, creo que nunca va a haber algún lugar como del que se viene, del que se nace y se vive, que si algún día es abandonado, es irremediable que se tenga que volver y sentir la familiariadad con la que se trata y se es tratado.
No obstante, apegarse a las raíces no puede ser un impedimento para aprender de culturas universales que enriquecerán el saber, que ayudarán a entender con más claridad pensamientos más radicales, o más conservadores, que llenarán de curiosas experiencias la memoria que tendrán alguna historia que contar.
Aunque sin olvidar nunca tus orígenes, de donde naciste, de donde provienes.

más de nada.

¡He descubierto el milagro del café! No muy cargado, con helado por encima. Supongo que me estoy arraigando a esta sociedad viciosa.
El último tiempo que ha pasado ha sido muy rápido y sin reflexiones o conclusiones interesantes; me he absorbido en libros y tardes calurosas con mosquitos.
Pero lo que he notado es que al transcurso de los hechos no le gusta cambiar; sabes de antemano que el día siguiente será igual o muy parecido al anterior y el anterior al siguiente, no importa lo que hagas para cambiar un poco la rutina que nos envuelve a todos, nos convierte en masas con patas no muy diferente de las otras millones que hay por ahí, y nos hace decir y hacer las mismas cosas que siempre, como si en una manera hubieramos estado hechos para cumplir un protocolo del que no teníamos idea, pero que, con los ojos desorbitados por la confusión y las reiteraciones de un porqué, tuvimos que cumplir.
Este tema me da vueltas la cabeza, la monotonía. Ya que estamos tan familiarizados con ella que casi la podría llamar hermana; o mejor dicho, hermanastra; una que está presente en las vidas de todos, pero que aunque la vea tan cercana no me da el poder de hablar como si conociera los vivires de estos y aquellos, no me da el derecho de generalizar, así que si hablo de nosotros, creo que sólo me refiero a mí misma, lo que resulta un poco patético, ya que decir algo en conjunto, colectivamente, resulta más reconfortante que referirse a uno mismo casi en soledad.
¿Pero qué somos, más que masas andantes con patas que juntas hacemos un todo rutinario e intrascendental? Masas que como llegan se van; como la de un queque, que recién horneado es saboreado por su exquisitez, pero cuando pasan los días y se endurece, ya nadie se lo quiere comer.