no te excuses, no es necesario dar explicaciones.
-----------------------------------------------------

mente ¿realista?

Un as de corazones, espera, te toca. ¿Me cuentas una historia?

Tantas ilusiones, ¿para qué?. Algún día todo esto desaparecerá, será hoy; será mañana.
Cuando las cenizas se remuevan en busca de escucha, la gente dirá: "Tanto a lo que aspiraba, ahora todo se reduce a nada".
Y luego se olvidarían. Creerán que unas palabras aliviarán la amargura invisible que palpa el ambiente de aquel que no consiguió sus metas imposibles.
Trazo planes, viajes, sonrisas, chocolates calientes al frente de la Torre Eiffel, pero nunca me lo creo de verdad. Tal vez nunca llegue el momento de reencuentros o de ganas de querer; es así, que nunca bebo de los anhelos. Sería engañar a la mente sin necesidad.
Con cada persona hay una historia diferente, una mente distinta; con cada persona invento travesías por lugares desconocidos o por el mar inexplorado.
Con cada persona está la posible decepción de que el lazo no sobreviva a los años; tu te vas, yo me quedo. O viceversa.

Oh, vaya, me ha tocado el tres de picas, he completado mi escala real, así como la historia que te acabo de contar.

¿Qué me dices tú...?

Tú: La tristeza no entrará más de cinco minutos. Se sentará, tranquila, y se tomará un café mientras me mira. Pero ya está, no más. Y no digo que mi mundo no está lleno de dolor, de sufrimiento, de odio y de ira... Y no se tratará de huir y tampoco de reprimir. Porque arriba me alzaré, decidida; fuerte, imponente, segura de mí mismo ser, de lo que soy y seré, de lo que hago y haré. Y la tristeza sólo aguardará minutos en mi puerta, pero no horas, ni días, ni semanas, ni meses, ni años, porque ella no me merece, porque yo soy demasiado fuerte y mi felicidad demasiado ardiente. No habrá gélido glacial que se interponga en mi corazón, ni lágrimas rojas de tanta aflicción; porque ninguno de ellos me merecerá. La tristeza no me merecerá, y a pesar de que aprenderé de ella -cinco minutos, no más-, no se quedará, no me traspasará.
Y si lo intenta, no entrará nunca jamás.
Y tropezaré, y me levantaré. Y me caeré, y me levantaré. Y lloraré de emoción, pero jamás de dolor; no, ya no.
Porque ella no me volverá a dominar, ella ya no me encontrará jamás. Porque yo cargaré con mi alma y mi felicidad, cuyo peso bastará... y no me dolerá.
No, ya no más.
Porque yo soy dueña de mi fuerza, de mi poder, de mi espíritu... y la tristeza ya no me corroerá... jamás.

Yo: te digo que yo respeto a la tristeza más que a la alegría, que sus enseñanzas son mas claras y rotundas; es parte de las etapas de la vida que te hacen crecer y formarte como persona.
Alguien que ha crecido con alegría, ¿qué sabe después del mundo al que hay que enfrentarse? Sólo le bajará la moral cuando lo vea.
No trato de decir que deprimirse sea un camino para entender la vida, sino uno de los senderos que se podría optar a seguir, y mezclarlo con bayas de alegría tomadas de árboles recónditos en el serpenteo del caminar inseguro.
La tristeza es tajante y justa, no te deja otra opción que tomar la decisión de sacártela de encima, como si fuera un parásito; te hace ocupar tu fuerza que abandonas cuando todo sale bien, cuando te ablandas. La admiro porque se contradice el sentimiento con lo que uno quiere; ¿quién querría entristecerse?, pero si es así, hay que saber sobrellevarlo, y no digo que sea fácil, y aunque cueste, todo trae su fruto, que es la recompensa de haber tratado de continuar sin titubear.


Gracias Tú, Kaira, por filosofar conmigo, darme tus opiniones y compartir tus sentimientos conmigo, te quiero mucho amiga :).