En un papel pequeño, con un chicle verde de menta pegado al reverso de éste, decía:
Es un momento de esos que sabes a qué viniste, tu mente esta inmaculada de dudas, el viento te besa con brusquedad la cara.
Y de repente, el frío ya no te cala los huesos, sino que forma ya parte de ti, los escalofríos cesan; la sonrisa te la regala el día con nubes.
Un helicóptero hace ruido sobre ti, se mezcla con el vaivén de los autos mientras caminas entre ellos hacia la estación, y ahí, entre todo el gentío, te abres paso lentamente al tren que te llevará al horizonte opaco que se alza encima de tu cabeza.
Así que te disculpas y pasas, y cuando vas a subir a aquel prometedor vagón, este lanza su característico humo blanco que te avisa con sorna "Lo siento, ya no hay espacio para ti". Y así se atraviesan éstos frente a tus ojos rutinariamente, sintiéndote demasiado lenta para poder subirte a cualquier condenado tren, sin poder poner pie sobre alguno.
Te rindes y dices "Capaz que los lunes no son mis días. Mucha gente. Muchos trenes. Probemos con el martes." Te das media vuelta vencida, y en sentido contrario de los trenes perdidos anteriores, viene uno pequeño, de madera, ventanas amarillas y azules mal pintadas, y con enredaderas verdes, muy verdes. Perfecto.
Abre sus puertas exclusivamente a ti, y las personas que van dentro te resultan misteriosamente conocidas. Mientras subes asimilas que tal vez es tu turno por fin de subir... en un tren que te espera, que es muy lento para los demás. Uno especial.
Los lunes también son tu día, cuando escribes esto en un comprobante de confitería, sentada en ese asiento de metal en el lluvioso diciembre.
Los Duendes Coloraos, Carnaval de Cádiz 2012
Hace 1 día
