no te excuses, no es necesario dar explicaciones.
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La ironía envuelve la estratosfera, la ionosfera, el cosmos entero; al vivir dentro de mentiras tejiendo la llamada sociedad.
Con seguridad creo que ellos nos ven, nos observan, y se ríen porque tratamos de imitar su perfección y no podemos, nos ven fallar, asentir con la cabeza al darnos cuena de nuestros errores y volver a fallar como recién nacidos.
Tal vez aún estamos naciendo y no nos hemos dado cuenta.
A raíz de los pensamientos de los mortales a través del tiempo, mutan a su vez todas las creaciones de este extraño ser llamado humano: la música, el arte, la política, la ciencia.
Música extraña, arte repulsivo, política corrupta, ciencia inmoral.

Y así "evoluciona" la raza que vive una vida cada vez más viciosa, engendrando en su mente pensamientos ajenos, sensaciones inacabadas, por lo que ellos sólo sienten, ríen y lloran a medias. Entonces, mi cerebro con neuronas que envían estímulos nerviosos a mi cuerpo y que me hacen, biólogicamente, sentir, quedó a medio hacer también.
¿Tal vez este Creador que tenemos nos hizo incompletos a propósito?
Cuando alguien te llega a conocer de verdad...siempre tienes el miedo de que no ser suficiente.

El miedo de que tal vez deberías cambiar, de que no está bien tu manera de ser...

Odio la inseguridad, la incertidumbre, por eso no me gusta que la gente me conozca.

Q
ue nadie me conozca de verdad.

Edad?

Hoy me creí sabia. Hoy me creí el cuento de que sabía de historia y podía contar con soltura cualquier cosa que se me preguntara sobre ésta.
Supongo que eso pasa cuando un niño de 8 años cree que eres la persona más inteligente del mundo cuando te pregunta "¿Qué...Cómo...?" y tu respondes con vocabulario culto y distinguido cosas que no vienen a cuento pero que las dices para crecerte. Y él responde..."No sé lo que significa civilización..." o "¿Qué es la astronomía?"; y tú, con respuesta fácil pero con aires de ilustrado le respondes cosas que sabes que después olvidará y te volverá a preguntar hasta el cansancio.
Supongo que a veces los profesores lo tienen fácil; no me refiero al objetivo de hacerle entender a toda una clase de niños de 16 años el por qué de la Revolución Francesa, porque siempre habrán algunos que la confundan con la Industrial; sino que a lo que hago alusión es a que cada cosa que digan no les será rebatida por el simple hecho de que cada alumno no tiene ni recondenada idea, por lo cual no cuentan con argumentos para poner en manifiesto su desacuerdo.
Tú tomas apuntes, atiendes, y cuando llegas a casa y lo hablas con tu padre o madre hay datos e ideas que no concuerdan... y ahí se pone en duda si el profesor es tan sabio como uno pensaba.
Y... click se enciende una ampolleta en la cabeza.
Yo he dudado a veces de los conocimientos de muchos adultos, porque sé que cuentan con el plus de que, valga la redundancia, sean adultos. Esos que te han dicho de pequeño "lo entenderás cuando seas mayor" o "aún eres muy joven, no tienes experiencia, dejámelo a mí".... creen (tomemos en cuenta que nos pasará a nosotros, jóvenes presentes) y están convencidos de que una persona que tiene veinte años menos no sabe o no puede saber más que ellos.
Así que da igual lo que digan, tú te lo creerás ipso facto...ya harás búsquedas de información y te documentarás como corresponde de lo que te han contado, más tarde. La ingenuidad de la adolescencia.
Supongo que es una de las tantas desventajas que tenemos por ser de una edad en la que hemos sido clasificados, atención, por muchos expertos como "inestables emocionalmente". Nunca he concordado con esa definición. Supongo que estos fantásticos expertos se basan en las adolescentes que malgastan todo un día llorando porque su novio las ha dejado. Pero eso no dice nada: hay mujeres de cuarenta años que están igual.
Es obvio que cada uno tiene que vivir su edad...a mí me está tocando la etapa de mi vida (y del mundo) en la que todos/as están obsesionados por obtener un iPod (para ser más precisos...un "Touch") y más de esos artefactos tecnológicos.
Pero dime qué hago...mejor guardo mis libros para mí.

Pero da igual la edad que tengas, mientras estés con alguien menor a quien instruir con conocimientos inciertos.
Ya pedirás perdón si te has equivocado. O quizás, quien sabe, cuando te preguntaron por los aztecas y respondiste hablando de los mayas pasó desapercibido.

Volviendo aquí.

Mi cerebro se desconecta del cuerpo; no siento los pies, me duelen las manos.
Observo sentada una puesta de sol, mientras otros autómatas se sientan para admirarla también. Se acaba el día, se va la luz.
Y se celebra la noche, se celebra a la luna blanquecina. Los pecadores que se ocultan, el dinero que se pierde, el alcohol que se derrama forman un panorama difícil de ignorar.
Es tarde y camino en esa ciudad de piedra impredecible, no siento los pies, me duelen las manos.
Me vuelvo a casa por ahora.

Sin una pizca de aire...

Estoy casi, a punto, de terminar Cumbres Borrascosas.
No sé como un libro pudo haberme llenado tanto...es tan completo, único...imposible de mejorar. No es por ganas de exagerar, sino porque de verdad es así. Al menos desde mi punto de vista.
Cada vez que leo, ojeo una revista, miro por la ventana los primeros rayos de sol primaverales (totalmente cliché, lo sé) después de un invierno que simplemente no parecía que iba a terminar, me siento bien. Siento como si mi vida recién estuviera comenzando.

Tss...odio escribir cosas así. Me siento cursi, cualidad que claramente no aprecio demasiado.
Pero bueno...supongo que era necesario soltar un poco la buena vibra y los buenos sentimientos...ya pronto escribiré algo que realmente valga la pena.

El libro de la abuela.

Vaya. El libro de recetas de la abuela difunta. Lo único que le había dejado de herencia. Ni la casa en la playa, ni el Porsche rojo.
Un libro de recetas. Es que todavía le costaba creer que su abuela hubiera sido tan tacaña como para no haberle dejado algo más generoso; así que lo primero que hizo cuando llegó a su casa fue "guardar" el libro debajo de su cama, porque en realidad lo estaba abandonando a su suerte. No tenía ganas de recordar los postres que la madre de su madre solía hacerle después de la cena, no porque no le gustasen, sino porque sabía que ya nadie las volvería a hacer igual. Porque aunque dijera que ella había sido una mujer un poco fría e insensible, en el fondo la quería, y cualquier recuerdo de ella sólo hacía que el sentimiento de tristeza aumentara.
Pasaron 5 años cuando Leo encontró el libro de recetas; estaba lleno de polvo y fue difícil sacarlo de su escondite, ya que entre toda la porquería que el solía dejar, como una mala costumbre, debajo de la cama, se había quedado atascado. Cuando comenzó a ojearlo, justo la madrugada en la que pensaba irse de casa - sólo dejando una nota como testigo de su huida - sintió la letra de su abuela perfectamente cuidada calar hondo en él, devolviéndole un trozo de su niñez casi olvidada. Como si hubiera sido un aviso de algún ser omnipotente invisible a sus ojos.
Con decisión bajó a la cocina, sacó las sartenes, y todos los instrumentos culinarios necesarios, abrió el libro por cualquier página, y con su dedo eligió al azar lo que iba a cocinar: canapés de mantequilla de anchoas, y para hacerlo más abundante eligió cocinar también unos canapés de paté de berberechos.
No eran exquisiteces para los paladares novatos, él lo sabía, pero gracias a estos platos se ganaría el respeto de los críticos más influyentes, convirtiéndose en uno de los más cotizados chefs. Y cada vez que prepara esta receta, piensa "Gracias, abuela. Es verdad que lo sabes todo".

Ser... o dejar de ser.

A veces siento que soy nadie.
Que todo lo que hago...¿para qué lo hago?, ¿para obtener un mérito dedicado a mi misma? no lo creo, ¿para complacer a alguien? menos aún.
Entonces, ¿por qué hago lo que hago en ese momento, en ese lugar?. Será por espontaneidad, o porque fue una consecuencia de alguien que esté al otro lado del mundo, o porque estaba predestinado a ser, o porque así lo quiso algún dios pagano, yo qué sé.
O tal vez fue por el sentimiento de querer ser alguien.
Creo que tal vez seré un alguien, aquella, ésa, cuando viva soltera en un departamento con vista al edificio de al frente en el que cuelgan la ropa en los días de verano, con tres gatos, siendo una literata que bebe té compulsivamente (sí, porque para aquel entonces dejaré el café, habré oído por ahí que mancha los dientes).
Claro que sí, ¡claro que seré alguien!, la loca de los gatos, susurrarán al pasar, la literata frustrada del 3er piso, escucharé murmurar.
Y así me habré creado un personaje para sobrevivir a la existencia, para saborear el gustillo de ser alguien.